CIELO NUEVO Y TIERRA NUEVA (APOCALIPSIS 21)

  

Apocalipsis 21


1- Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.

En esta porción estamos en la entrada de la eternidad, todo nuevo, perfecto, como siempre debió permanecer. La eternidad nos es revelada. Todo nuevo implica cambios totales, ausencia de todo aquello que fue afectado y alterado por consecuencia del pecado. Y como el pecado estará ausente, esto es tentaciones, muerte, enfermedad, vanidad, y todo aquello que era parte del pago por la desobediencia del hombre desde el inicio. Ya no habrá necesidad del sol, porque la luz que emana del Soberano, del Salvador, del Rey de Reyes u Señor de Señores resplandecerá sobre su iglesia, su pueblo. Y como la luz de nuestro Dios es eterno, esto nos hace habitar en siempre día, no habrá noche, ¿Por qué? Porque en la nueva naturaleza no habrá necesidad de descanso. La nueva naturaleza no estará sujeto a nada al cual se ha estado habituado, todo es hecho nuevo.

El mar ya no existirá más, tres cuartas parte de la superficie de la tierra es agua, serán áreas habitadas por los convertidos del Antiguo Testamento, y salvados durante el período de la gran tribulación. Ya la iglesia había sido raptada y habitando en los cielos antes de la gran tribulación.  Con la ausencia del mar el consumo de peces ya no será, por ende, el consumo vegetariano será la nueva dieta, frutas.

Juan expresa como testigo aquello al cual está expuesto, y lo que registra es un nuevo cielo y una nueva tierra, es lo que quedó expuesto, la palabra que describe todo lo que vio es “nuevo”.

·         Isaías 66:22- Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que Yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre.

·         Hebreos 11:13-16. En el pasado los seguidores del Señor por fe mirando de lejos, y creyendo y saludando, confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra, los que dicen esto es porque dan a entender que buscan una patria, no terrenal, pero, anhelaban una mejor, esto es celestial…Dios les ha preparado una ciudad.

·         2Pedro 3:13- Pero nosotros, esperamos, según sus promesas cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.

Dios le prometió a Abraham una tierra para siempre, y a David un trono para siempre, Daniel profetizó sobre un reino que jamás será destruido; la nueva tierra será el cumplimiento de todas estas profecías.


2- Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.

Esto acontecerá después del milenio, la nueva Jerusalén descenderá del cielo, totalmente ataviada para su marido, el cual es Cristo Jesús, totalmente abastecida para ser triunfante por la eternidad.

·         Efesios 5:29-32. Se utiliza la ilustración de una esposa, del cómo se le sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque los creyentes somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. El creyente se vuelve uno con su Señor.

·         ¿Cómo se podrá volver uno con su Señor?

1Juan 3:2- Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal como Él es.

Vamos a tener carne y glorificada como la de Él, vamos a ser uno con Él, vamos a estar unido a Él, parte de su cuerpo. Su promesa fue que iba a preparar lugar para nosotros, para que donde Él esté nosotros también estemos, esto es a través de toda la eternidad. Esto será glorioso, sólo los creyentes tendrán esa relación con Él, no se hace alusión a nadie más excepto su iglesia. No sólo se estará con Él, sino que se estará unido a Él.

3- Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.

Juan escuchó una voz, él estuvo expuesto a revelación visual, como al igual audible. Y en su posición privilegiada que le otorgó el Señor pudo registrar todo cuanto el Espíritu del Señor le concedió estar expuesto para los creyentes.

He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, ya no una estructura, una edificación, el tabernáculo en la cual se estará siempre estará porque Jesús mismo será el tabernáculo, los creyentes no tendrán que asistir, vivirán en Él (Jesús) y Él morará con ellos. Será el lugar de encuentro, la morada eterna, del pueblo de Dios y la presencia de Dios mismo estará con ellos. Hay una porción Bíblica que establece que no hay hombre que me vea y viva, en el tabernáculo el cual es Jesús, no habrá existencia sin ver a su Dios. Aquello será una experiencia del cual jamás se dejará de estar maravillado, para siempre será una nueva revelación. ¿Cómo si quiera pensar que se podría habituar a su presencia? Esa experiencia siempre será gloriosa, siempre será un aumentativo. ¿Cómo agotar ver o contemplar al que es infinito? Cada mirada será una nueva revelación, revelación de su grandeza, de su gloria, su poder y autoridad. 


4- Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.

Aquí se habla del tabernáculo de Dios, los creyentes tendrán un cuerpo glorificado por Él. Ya no habrá lágrimas, tristeza, dolor, ya no estará el pago de pecado que es muerte, ya que no habrá pecado; no habrá cementerio, no habrá enfermedad, no habrá vejez. Aquello formó parte de las primeras cosas, pero, todo ha sido hecho nuevo, esto será el inicio de siempre con el Señor.


5- Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, Yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.

Para el creyente es un nuevo comienzo sin jamás ser interrumpido por presencia carnal o tendencia de infringir las ordenanzas divinas. Todo habitante estará viviendo en un plano totalmente espiritual sin presencia de nada que estuviese tratando de hacerle tropezar. El Señor hace saber a su iglesia que Él hace todas las cosas nuevas por los siglos de los siglos.


6- Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.

El creyente nunca más volverá a tener sed, para siempre será saciado por su Señor.

7- El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.

Los vencedores, heredarán todas las cosas que el Señor les ha preparado, habitarán con su Dios, y el Señor lo llamará o lo constituirá en su hijo.

 

 

 8- Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

Todo aquello que jamás representó, glorificó al Señor, todo aquel que jamás se arrepintió o fue lavado en la sangre de Cristo Jesús, todo aquel que no aceptó al Hijo de Dios, su dádiva para todo aquel que en Él creyese para salvarse de la condena eterna, tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, el cual es la muerte segunda o el castigo eterno.

 

La nueva Jerusalén

9- Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero.
10- Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios,

11- teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal.

Uno de los siete ángeles que les corresponderá verter las siete copas llenas de las siete plagas postreras, le fue enviado a Juan para mostrarle la esposa del Cordero (Jesús). Y en un mone alto o el punto alto que se le permitió subir para poder ver la gran ciudad santa de Jerusalén, que descenderá del cielo de Dios. La ciudad tenía la gloria de Dios, y su fulgor se asemejaba al de una piedra preciosa, como piedra de jaspe (mármol), diáfana (transparente) como el cristal.

Un ser humano expuesto a revelación divina, describiendo en su apreciación humana lo divino, y esto prevalece expresado en las Sagradas Escrituras, “…era semejante…”. La realidad en sí es que todo realmente es más allá de lo que él jamás había visto o apreciado, y en su labor como el que registra lo que Jesús le ha permitido ver o quedar ante él revelado sólo puede tratar de asociar una expresión humana con la revelación celestial. Puede usted considerar que la descripción humana es maravilloso, sin embargo, cuando estemos ante todo aquello será algo inimaginable, algo más allá de lo que la capacidad humana, lo finito del hombre jamás haya quedado expuesto.

12- Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel;
13- al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al sur tres puertas; al occidente tres puertas.
14- Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.
15- El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro.
16- La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales.
         Esta ciudad no es una estructura de tiempo, sino de eternidad, es lo que lo hace difícil realmente conceptuar o imaginar. No es semejante a nada antes visto o conceptuado. Cuando el Señor dijo algo nuevo, todo, en su totalidad parecido a nada o comparado a nada, surge de la maravillosa creación del Hacedor. Hay conocedores o expertos de cálculos y llegan ellos a diferentes conjeturas del cómo sería la estructura. Lo importante en todo esto es que cosas maravillosas nos ha preparado el Señor, nada jamás visto antes o después.

17- Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre, la cual es de ángel.
18- El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio;

         Vidrio limpio, hace alusión a transparencia, claridad, luminosidad. Todo fue hecho nuevo, la ciudad era de oro puro, nada menos que lo superior a lo que humanamente se conoce. El material y la ciudad comparable nuevamente a nada que jamás se estuvo expuesto. Su esplendor, su estructura, su belleza, la gloria que emanaba de ella por la presencia de Dios.

19- y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe (claro y puro); el segundo, zafiro (azul); el tercero, ágata (verde); el cuarto, esmeralda (verde);
20- el quinto, ónice (rojo); el sexto, cornalina (rojo vivo); el séptimo, crisólito (amarillo dorado); el octavo, berilo (verde mar); el noveno, topacio (amarillo verdoso); el décimo, crisopraso (verde dorado); el undécimo, jacinto (violeta); el duodécimo, amatista (color purpura, rubí).
21- Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio.
22- Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero.

La descripción de todos los componentes de la ciudad hace apreciar y entender que el Señor es dueño del oro y la plata. Sólo Él posee todo sin limitación alguna. La abundancia de la arena, de las aguas, de las estrellas, y ahora la abundancia en la cuidad santa, es otro testimonio de su Soberanía y grandeza, comparable a nada.

Todo metódicamente hecho, los muros de la ciudad adornadas con piedras preciosas. Así de especial y sumamente hermoso lo ha preparado el Señor. Cada una de las puertas estará hecha de perla. La calle de la ciudad será de oro puro, transparente como vidrio.

En la nueva Jerusalén Juan señala que no vio en ella templo. Juan no vio el lugar de adoración y de reunión para que se congregaran los creyentes, resulta importante para el apóstol señalar que el lugar en que se deberían reunir no estaba presente, pero, aprendería algo sumamente importante tanto para él como para todo creyente. ¿Por qué no habrá un templo en la nueva Jerusalén? Porque aún buscaba el lugar que se reunían para tener un lugar de adoración juntamente con la comunidad cristiana, aún estaba presente el marco humano ordenado por el Señor para congregarse. Sin embargo, en la nueva Jerusalén el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero es el templo de ella. Juan aprendió que, en la nueva Jerusalén, en todo momento y por siempre se estará en comunión y adoración ininterrumpida (queriendo esto decir que todo cuanto se hace y se hará será para glorificar al Señor en todo momento), la presencia de Dios siempre estará en continua comunión con sus hijos, no habrá que acudir a un lugar, vivirán, habitarán por siempre en el templo vivo del Señor.

23- La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.

        Tocante a lo usual en el plano humano, dejará de ser en lo nuevo. La ciudad no tendrá necesidad de iluminación, de luz de algún astro que el Señor había preparado con ese propósito, ya que su gloria, su luz admirable por siempre nos iluminará.

En este plano humano ha habido tanto que nos estuvo relatando de la grandeza de Dios que quedaría su pueblo expuesto al morar directamente con Él en la eternidad. Todo cuanto la Palabra describe a través de las profecías tocante a la morada eterna es glorioso, majestuoso, comparable a nada. Es más, ¿A qué comparar todo cuanto procede de Dios?

 

 

24- Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella.

Las naciones que hubieren sido salvas, estos son los que se salvaron durante el período de la gran tribulación, aquellos que fueron salvos en el Antiguo Testamento, recibirán igual iluminación de la Nueva Jerusalén, ya que estos estarán habitando en la tierra.

Y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella, esto es que estarán transitando en esa calle de oro hacia la Nueva Jerusalén y volviendo a la tierra nueva. Israel y las naciones salvas (gentiles) irán a adorar, allí no permanecerán porque habitarán en la nueva tierra. Los creyentes serán los sacerdotes de esa época, ellos son la iglesia de Cristo Jesús.

 

25- Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche.
          Tocante a las puertas, esto es las puertas de la Nueva Jerusalén, que nunca serán cerradas de día, es porque ya no habrá necesidad de seguridad, ya no habrá peligro, todo ha sido hecho nuevo, sólo los santos redimidos por la sangre de Cristo están allí presentes (habitando en orden y total certidumbre).

La noche ya no tendrá función, no se requerirá su presencia, será despedida porque no habrá necesidad de reposo o descanso.

26- Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella.
27- No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.

Nada impuro, nada blasfemo, nada que no haya estado conforme a las ordenanzas del Creador tendrá cabida, tendrá oportunidad para formar parte de lo santo y puro. Todo perfecto, puro, santo, allí sólo habita la gloria de Dios.

El hecho que el Redentor le haya especificado al apóstol aquello que no podrá estar presente, recalca aquello que es aborrecible para el Señor. Cualquiera que haya tomado ese curso de vida y nunca procuró buscar del Salvador, nunca hubo arrepentimiento, entonces para estos nunca hubo inclusión en el libro de la vida del Cordero, pérdida total para aquellos.

Es importante hacer mención que, en libro de la vida del Cordero, los que allí están son los salvos de todos los tiempos, el que allí no está inscrito no tendrá parte con Él.

Todos los que están inscritos ha sido por la gracia de Dios, la obra redentora de Jesús para todo aquel que lo confiese como Señor.

·         Efesios 2:3- entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

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